LA MODERNIDAD EN EL PERIODISMO MASONICO PUERTORRIQUEÑO DEL SIGLO XIX
Por: Miguel A. Pereira, P.M., 32°
Ex Venerable Maestro
Historiador
R.L. “Unión y Amparo” # 44 de Caguas
Ex Director Revista ACACIA
CONSIDERACIONES INICIALES
Los estudiosos llaman “modernidad” a una serie de transformaciones que se sucedieron a partir del Siglo XVI. Esos cambios con relación al modo de vida articulado por el feudalismo, no sólo crearon conciencia de una transición a un nuevo orden desde un estado de cosas anterior, sino que permitió elaborar un proyecto político, económico, social y cultural durante el Siglo XVIII, al cual se le dio el nombre de Ilustración.
El proyecto modernista-ilustrador, cuyos elementos fundamentales fueron el liberalismo económico, la secularización del pensamiento, la democratización de los gobiernos y el fomento del progreso material, produjo variadas lecturas y se implantó de manera desfasada.
En Europa Occidental y América del Norte, el afán modernizador encontró tierra fértil en la clase burguesa, la cual lo implantó a gran escala a través de la industrialización, la economía capitalista, la urbanización, la consolidación de estados nacionales, el desarrollo de nuevos medios de comunicación y transportación, entre otros.
Por otra parte, en América Latina, la experiencia de la modernidad no se registró con la misma intensidad que en las regiones antes mencionadas. En esta parte del mundo, la modernidad tuvo que coexistir con elementos indígenas que la matizaron profundamente. En el caso de Iberoamérica, inclusive se registraron lecturas oposicionistas de la experiencia modernizadora, en la forma de resistencia a la nueva racionalidad económica y a los adelantos tecnológicos.
En el contexto latinoamericano, Puerto Rico experimenta la modernidad de forma tardía y, contrario a la inmensa mayoría de los pueblos del continente, dentro del marco de una relación colonial y mercantilista. Los abanderados de una modernidad condicionada política y económicamente a sus intereses particulares de clase serán los autonomistas-hacendados. Estos promoverán una ruptura moderada con el régimen absolutista y mercantilista español, la secularización del pensamiento y el progreso general de la sociedad puertorriqueña, siempre y cuando ellos mantuvieran un rol hegemónico en el proceso de transformación.
Para evaluar en qué forma el periodismo masónico puertorriqueño del Siglo XIX ayudó a construir un imaginario favorable al proyecto autonomista-hacendado, fue necesario estudiar la historia y principios filosóficos de la masonería. De ese análisis se desprende que el crecimiento de la masonería, tanto a nivel mundial como en la Isla, corre paralelo al desarrollo del proyecto modernista. De hecho, muchos de los filósofos de la Ilustración, de los pensadores burgueses y de los líderes políticos latinoamericanos y puertorriqueños asociados al liberalismo fueron masones. Las alianzas entre puertorriqueños y cubanos para enfrentar las instituciones españolas ocurrieron tanto en el ámbito político como en el masónico.
Por otra parte, la masonería y la Ilustración comparten el ideario de la libertad, igualdad y fraternidad.
Para efectos de este trabajo, el proyecto de la modernidad fue subdividido en tres grandes categorías: Ruptura, Secularización y Progreso. Con ellas en mente, se analizaron los puntos de tangencia que con el citado proyecto tenían la masonería y el autonomismo puertorriqueño. Luego, se redefinieron las categorías a tono con la experiencia de la modernidad que se dio en la Isla. La ruptura con un modo de vida anterior se enmarcó en el afán por sustituir el régimen mercantilista absolutista español. La secularización del pensamiento se enfocó desde el punto de vista de la separación de Iglesia y Estado, y de la eliminación de la influencia clerical sobre los asuntos públicos y las actividades cotidianas. El progreso se asoció al mejoramiento en las condiciones económicas que disfrutó la clase hacendada durante la segunda parte del siglo pasado.
Hecho esto, procedió entonces a evaluar cómo el periodismo masónico puertorriqueño del período de 1883 a 1887 ayudó a difundir los conceptos de la modernidad que defendían los hacendados.
LA MODERNIDAD EN LA PRENSA MASONICA
En este apartado se entrará de lleno a evaluar cómo el periodismo masónico puertorriqueño decimonónico difundió los principios asociados al proyecto de la modernidad, y particularmente las ideas ligadas al proyecto autonomista-hacendado del siglo pasado. Sin embargo, antes de iniciar el análisis, resulta prudente ofrecer algunos datos cronológicos que ayuden a precisar el contexto histórico en el que se dio ese periodismo.
El periodismo masónico puertorriqueño se inicia en la octava década del Siglo XIX. Surge en un momento histórico donde el quehacer periodístico isleño registra un marcado crecimiento. Según estadísticas preparadas por Pedreira, de 1806 a 1879, se fundaron en Puerto Rico 127 periódicos o revistas. Durante la década del 1880 al 1889, vieron la luz 183 nuevas publicaciones periódicas.[1]
Pedreira destaca, a lo largo de su libro El Periodismo en Puerto Rico, la manera como los periódicos autonomistas asumieron un rol ilustrador y racionalista frente a la “sinrazón” de los medios informativos conservadores.[2] En ese sentido, las tendencias que se dieron en Puerto Rico coinciden con las que Julio Ramos apunta para el resto de Latinoamérica[3].
En cuanto al rol que la masonería asignaba a sus órganos periodísticos, cabe destacar que se registran coincidencias con el modelo ilustrador-racionalista. Ejemplo de ello puede encontrarse en el discurso leído por Santiago R. Palmer, durante la Asamblea Constituyente de la Gran Logia Soberana de Puerto Rico, en 1885. Citando palabras del entonces Gran Maestro de los masones de Cuba, Antonio Govín Torres, Palmer señaló:
"Es el periodismo una de las más bellas conquistas de la civilización moderna y una de las más preciadas garantías para los derechos legítimos. La Masonería que contribuye poderosamente a la obra de la cultura general y que fija al ejemplo y a la persuasión el triunfo de sus incomparables ideales, lejos de mirar con ceño y desconfianza la prensa periódica, la honra, la protege, necesita de ella como medio sin igual para propagar sus enseñanzas y hacer que prenda en los ánimos. Pero la prensa masónica puede, no debe gozar de absoluta libertad sino dentro de las leyes naturales y constitutivas de la asociación a la que pertenece; de otro modo, al fin no correspondería el medio. Si la mesura, la discreción y la prudencia son reglas de conducta para todo masón que sepa respetarse, es evidente que esas propias reglas han de regir los actos de la prensa masónica. En ella, si rectamente se comprende, y con dignidad se emplea, no tienen cabida los desahogos de la cólera o del despecho, ni las ofensivas reticencias, ni tampoco las insinuaciones malévolas: que ha de ser freno de malos instintos, expresión de elevadas ideas o de pensamientos útiles, órgano desinteresado de enseñanza en el orden intelectual y moral, guía fiel y segura en el camino de la verdad y la virtud, modelo de templanza, ejemplo vivo de sereno juicio y previsión constante. En suma, la prensa masónica no ha de ser jamás agente de disolución; ha de ser siempre ministro de paz, de orden y de progreso." [4]
Como puede apreciarse, Palmer no sólo demuestra tener conciencia de que es parte de una “civilización moderna”, sino que además está plenamente convencido de que la prensa puede ayudar a la propagación de los principios básicos de esa modernidad en la sociedad. Ahora bien, aprovecha la oportunidad para indicar que aun la prensa tenía que estar sujeta al ordenamiento jurídico moderno, de forma tal que sirva a las causas del racionalismo y del progreso.
Como ya se ha indicado, es durante la década del 1880 que comienza la masonería puertorriqueña a utilizar la prensa para la difusión de sus creencias. Según la información que suministra Pedreira, entre 1880 y 1899 vieron la luz diez periódicos o revistas masónicas, a saber: El Mallete (1880), La Adelphia (1883-1884), El Mallete (1884), La Logia (1884), El Delta (1885), La Idea (1885-1887), El Boletín Masónico (1892), Boletín Oficial de la Gran Logia Soberana de Puerto Rico (1892-1897), Boletín Oficial (Mayaguez, 1893) y Revista Masonica, 1893).
A esto hay que agregar el Boletin Oficial del Capitulo Provincial de Puerto Rico, publicado por el Gran Oriente Nacional de España, y del cual Ayala cita un numero.[5] Además, la Gran Logia Soberana de Puerto Rico desarrolló algunos proyectos periodísticos (según se desprende de sus actas) cuyo producto aparentemente no llego a manos de Pedreira, y sobre los cuales no se revelan muchos detalles.
A pesar de la cantidad de títulos mencionados, el material periodístico masónico disponible se limitó a veintidós números de la revista La Adelphia (1883-1884), un numero de El Mallete (1884) y dos números de La Idea (1887). Al ser tan reducido el universo, se optó por efectuar un censo del material citado.
Dado el caso de que se estudió cómo la burguesía y la intelectualidad liberal decimonónicas fomentaron a través del mundo una “lectura dominante”[6] de la experiencia de la modernidad, se ha procurado evaluar si el material periodístico objeto de estudio ayudó al logro de ese objetivo. Los conceptos de lectura y recepción de mensajes como procesos de negociación de significados se le deben a Stuart Hall.
Para el análisis textual de estas revistas, se utilizó el enfoque propuesto por Teun A. Van Dijk.[7] Así las cosas, los textos periodísticos masónicos han sito tomados como proposiciones, las cuales pueden ser consideradas como ciertas a partir de su vinculo con la “realidad” creada por la experiencia de la modernidad. La interrelación de texto y contexto produce una significación que pudo haber ayudado a fomentar una recepción favorable al ideario de la modernidad.
Para discutir con precisión la forma en que el periodismo masónico del indicado periodo reflejó una lectura dominante de la particular experiencia de la modernidad que articuló la clase hacendada autonomista, se crearon tres categorías de análisis. Estas son: 1) ruptura con el proyecto mercantilista estatal español; 2) secularización del quehacer material e intelectual; y 3) fomento del progreso político, social y económico de la colonia. De acuerdo a estas categorías, se han evaluado todas las unidades redaccionales de las publicaciones estudiadas. Se identificaron aquellas informaciones, que tocaran alguno de los temas incluidos en las categorías. De éstas, se presentan citas directas e indirectas que ilustran el tratamiento privilegiado que estos medios informativos masónicos brindaron al imaginario impulsado a través del proyecto modernista.
A. Ruptura
Comenzando con la categoría de ruptura, los órganos periodísticos estudiados presentaban a la propia masonería como un elemento de cambio dentro de la sociedad. Ante el absolutismo del apartado estatal eclesiástico, la orden masónica se autoproclama defensora de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Así, se aducía que la masonería había vencido “todos los obstáculos del camino, todas las rémoras que le ha interpuesto el fanatismo” para fomentar la consecución “de la Libertad, de la Paz de las naciones y del recíproco afecto de todos los hombres de buena voluntad”.[8]
El afán de combatir uno de los pilares de la organización social feudal, las diferencias entre los hombres, era uno de los elementos que destaco el periódico La Adelphia desde su primera edición:
"Sin la Igualdad no podría existir la Fraternidad. Si todos somos hermanos e hijos de un mismo Dios, ¿Por qué todos no hemos de ser asimismo iguales? Por eso, la Masonería sólo reconoce una diferencia entre sus adeptos y es esta: la de aquel que mejor cumpla con sus deberes políticos, civiles y masónicos. El mejor ciudadano, el buen padre de familia, el buen patriota, el más racionalmente caritativo es el mejor masón.
La Fraternidad es la base primordial de la Francmasonería. El mismo Jesucristo la enseñó a sus discípulos y esa Fraternidad es el título más hermoso que ostenta en las páginas de su limpia historia la Institución masónica. Todos hermanos, todos unidos buscando la perfección de la Humanidad, no importa cual sea la opinión política que sustentamos en el mundo profano, no importa cual sea el color de nuestra piel, ni la religión de nuestras creencias, ni la bandera que cobijara (sic) nuestra cuna al nacer. Nuestros talleres trabajan incesantemente por confraternizar a todos los hombres...¿Tendrán algo que alegar contra ella los torpes enemigos de la Francmasonería?” (énfasis suplido).[9]
Pero la presentación de la masonería como institución liberal iba a veces acompañada de virulentos ataques contra el absolutismo. Y en los mismos se criticaba por igual al Estado y a la Iglesia como co partícipes de la tiranía:
"Meditad un poco. Sus enemigos (los de la masonería) son los que en todos los tiempos temen la luz del raciocinio propio. La ambición de dominarlo todo -hasta las conciencias- los hace oponerse a nuestra Sociedad augusta que proclama la Tolerancia y defiende la Razón y la Justicia. Desde que las grandes ideas han triunfado del empeño absoluto del personalismo, obligando a someterse a todos los hombres a las leyes escritas, la Masonería que tenía que ocultarse de los tiranos del poder absoluto y del poder teocrático, se presentó a la luz del día a sostener sus doctrinas inmaculadas. Los que luchan por conveniencia o ceguedad en favor del degradante predominio de la fuerza contra la razón, no han querido conformarse." [10]
Los periodistas masónicos no perdían la oportunidad para proclamar la decadencia del absolutismo político y religioso.
"Ayer, nada más que ayer, la Roma pagana de los Césares, ascendida luego a la Roma del catolicismo, asombraba al mundo con su grandeza y su soberbia. Los monarcas más poderosos de la tierra rendían vasallage (sic) ante la magestad (sic) impuesta del Sucesor de San Pedro. Los cañones de toda Europa sostenían el deslumbrante boato y el prestigio del catolicismo romano.
"Hoy... mirad como esos tiempos siempre iguales para la Francmasonería cambian para otras instituciones! La soberbia y opulenta Roma del poder temporal de los Papas...no existe. El antes poderoso Monarca, señor de los reyes de la tierra, reducido a las paredes del Quirinal, es simplemente un súbdito de Humberto de Saboya. Ya no existen egércitos (sic) armados en la Ciudad Eterna para...sostener la fé" (énfasis suplido).[11]
Frente a esa indeseable tiranía y a ese mundo absolutista decadente, los periódicos de la Orden en Puerto Rico proclamaban un ideario político, social y económico similar al de la intelectualidad hacendada, e identificaban a sus adeptos como los principales defensores de ese ideario.
"El perfecto masón...enseña que los pueblos son los únicos que tienen derecho a dictar las leyes reguladoras de la Sociedad y a hacerlas efectivas; que las bases indestructibles de aquella deben ser la Propiedad y el Trabajo libre; que la Propiedad, el Capital y la Industria deben ser también ordenados para que cada uno pague conforme a sus medios; que la libertad religiosa debe ser absoluta para que ninguno pueda turbar la paz pública impidiendo el culto ajeno; que la esclavitud de los hombres no importa cual sea el color de su piel, es un borrón de la humanidad; que el derecho de reunión es una necesidad de buen gobierno; que el hombre debe socorrer a sus semejantes; que la Instrucción Pública es la más imperiosa necesidad de las naciones...” (énfasis suplido).[12]
Pero la caracterización de la masonería como agente catalítico de la ruptura con el pasado no se limitaba a Puerto Rico. En otra parte, se habla de los problemas que confrontó “hasta una época muy reciente” (en el siglo XIX) España con los gobiernos autocráticos, factor que alegadamente afectó el establecimiento de la orden masónica en ese país hasta el Siglo XIX. No obstante, con la propagación de las ideas masónicas en la península, la libertad, el orden y el equilibrio llegarían “algún día a ser la verdadera vida política de España”.[13]
Tal era la defensa de los conceptos Libertad, Igualdad y Fraternidad, que en el siguiente verso se ensalzan:
Himno de la Fraternidad
que no es posible sin ello
vivir en paz en el mundo
libres de luchas y penas.
Himno a la igualdad, que mata
de los pechos la soberbia
y que el magnate altanero
con el mendigo nivela.
A la libertad un himno
porque es ella nuestra enseña,
y a la infame tiranía
ahoga con mano férrea.[14]
Ahora bien, la ruptura que planteaban los masones, al igual que los hacendados, no era radical. Bien fuera por temor a represalias o porque la separación total de España no fuera su fin primordial, la prensa masónica cualificaba en diversas instancias su planteamiento a favor de un nuevo orden institucional. Por ello, aclaraban sus escritores que no venían “a conmover la sociedad en sus cimientos”, sino “a robustecer sus bases” a través de la libertad, igualdad y fraternidad.[15]
En otro punto se indica que la masonería no pretende “trastornar el orden establecido en el mundo por la Sociedad civil”. A renglón seguido se desmentía a los que acusaban a la orden de ser enemiga de los poderes constituidos. “Si la Masonería fuese contraria a la constitución de los poderes públicos, ¿sería lógico que reyes y príncipes, presidentes y altos magistrados perteneciesen a nuestra Institución?”.[16]
Tanto parecía preocupar a los masones combatir la imagen revolucionaria que le formaban sus detractores, que llegaron incluso a publicar trabajos de análisis jurídico sobre la legalidad de sus operaciones, a la luz de las leyes españolas.[17]
A.1. Discurso Anti Español
Otro de los elementos de ruptura con el orden imperante, y tangente con el imaginario autonomista hacendado, lo fue el discurso anti español.
España era, según estos periódicos, una nación retrasada, tanto en el reconocimiento de las libertades civiles como en el desarrollo de la masonería. Ese retraso en la conciencia democrática permitía “anomalías” tales como una Ley de Imprenta sumamente restrictiva,[18] y la inestabilidad masónica española". Dado que varias obediencias mantenían una pugna por el dominio del territorio peninsular, los masones puertorriqueños “se veían obligados” a unirse a la masonería cubana.[19] Las luchas por el territorio masónico puertorriqueño (discutidas en un capítulo anterior) se verán reflejadas en las condenas que se hacían a la gestión proselitista de los representantes de las grandes logias españolas en la Isla.[20]

A.1.a. La Gran Familia Puertorriqueña
Como se discutió en el capítulo anterior, el discurso anti español de los hacendados incluía la diferenciación de los intereses de España y de los de Puerto Rico, y fomentaba la noción de que los hacendados eran los patriarcas y benefactores de “la gran familia puertorriqueña”. Ese enfoque paternalista del rol de la clase “con vocación hegemónica” será recogido por el periodismo masónico, según se verá a continuación.
La Adelphia demostró en diferentes ocasiones su preocupación por los intereses de los pobres, así como sus deseos de que todos los sectores de la sociedad se unieran para lograr el progreso general del país. Por ejemplo, al criticar las divisiones que entre los “hermanos por la sangre, la Historia, el idioma y la religión” producían las luchas políticas, se aprovechaba para apuntalar el desiderátum hacendado:
"Entendemos por sociedad la unión de muchos hombres reunidos para trabajar de común acuerdo en pro de la mutua 



felicidad, en beneficio de nuestro progreso, en bien de la gran familia que la compone” (subrayado nuestro).[21]
En otro apartado, se hacía referencia al mandato divino para impulsar el concepto de la productividad que los hacendados pretendían inculcar al campesinado. Según este escrito, Dios dijo al hombre:
"Eres una parte de esa gran familia humana. Debes interesarte por la suerte de tu raza. Gloria tendrá el que mayores beneficios haga. Sacrifícate, estudia, inventa en favor del perfeccionamiento relativo. Esa inmensa familia humana q. (Sic) puebla el mundo, es tu familia terrestre. Sirve, mejora, perfecciona la suerte común. Remóntate a la luz por la virtud y la civilización y alcanza el progreso por el trabajo honrado".[22]
Tanto en prosa como en verso se le recordaba a los lectores su misión como defensores de los intereses del pueblo:
Vosotros que habláis al pueblo
De libertad, de derecho,
Y que tenéis en el pecho
Para todos Caridad.
No olvidéis que junto al hombre
El vicio siempre está en vela
Fundad primero la Escuela
Si queréis la libertad.[23]
Y el verso se usó también para reafirmar el paternalismo de los masones hacendados:
Templo de amor donde la luz impera
Sin término ni ocaso,
Donde Feliz la humanidad entera
Se estrecha en dulce lazo;
Y donde ajeno (sic) al mundanal tumulto
A dios Se rinde reverente culto;
Do se desborda de su inmensa fuente
La Caridad preciada,
Donde siempre el clamor del indigente
Halló fácil entrada,
Y el huérfano infeliz en su amargura
Apoyo firme, protección segura...[24]
En la revista La Idea también se registraron escritos en defensa del concepto de “la gran familia”. En uno de ellos, se asocia la represión de la que eran víctima los masones a su defensa de los intereses del pueblo:
Soy odiado. ¿Por qué? Porque defiendo
al débil, al vencido, al triste, al niño;
porque la mano al desvalido tiendo;
porque trato al mendigo con cariño.[25]
En ese mismo número, se condenaban algunos de los males sociales” que afectaban a las clases populares, sacándoles de la ruta que se les trazó dentro del proyecto modernizador local.
"La Embriaguez, el Juego y el Concubinato, constituyen una trinidad nefasta de donde emanan todos los males que afligen a las sociedades humanas y detienen su marcha progresiva hacia el bien. La primera destruye al individuo, por cuanto mina (1)entamente su constitución física y rebaja su condición moral hasta colocarlo al nivel de los brutos; el segundo destruye el capital y conduce fatalmente a la miseria; y el tercero mina por su base la familia, fundamento de cuerpo social” (énfasis suplido).[26]

A.1. b. La Mujer
Un tema relacionado con la defensa de los oprimidos es el de los derechos de la mujer. El periodismo masónico va a favorecer el progreso intelectual de la mujer, aunque no necesariamente le reconocerá un sitial de igualdad junto al hombre en la dirección de la sociedad.
La Adelphia vio con buenos ojos que la “bella mitad del género humano” tratara “de sacudir lejos de sus hombros las rancias imposiciones del fanatismo con que se trata de mantenerla en perpetuo estado de esclavitud y de ignorancia”.[27]
Pero si bien se reconocía su capacidad intelectual, y se condenaba su conceptualización como objeto sexual, el rol que la prensa masónica puertorriqueña le asignaba a la mujer era el de educadora de sus hijos, esposa (“digna compañera del hombre”) y, “cuando sus deberes de esposa y madre se lo permiten”, ejecutora de obras de caridad.[28]
Esa “descripción de tareas” de la mujer se repetía de cuando en cuando:
"La Masonería piensa respeto (sic) de vosotras de una manera enteramente opuesta (a la de la Iglesia Católica); crea para la mujer cielos de felicidad, de gloria y de esperanza; quiere que en su corazón germinen los sentimientos más nobles y más puros; que en su conciencia dominen Dios, la razón y la justicia; que su inteligencia esté iluminada por la sabiduría, que es la luz del cielo; anhela que seáis la institutrices de nuestros hijos, mañana ciudadanos, y les deis esas primeras lecciones que jamás se olvidan, de amor a la familia, a la patria, a la humanidad, al calor sagrado de vuestros besos y caricias de madre; anhela que seáis el halago de la vida, el ángel del hogar, el consuelo de los que sufren, la paz del alma..."[29]
La educación de la mujer fue tema de primordial interés para la masonería, a juzgar por la convocatoria a un certamen literario publicada en 1884 por El Mallete. En la misma se solicitaban participaciones con ensayos en torno a los sistemas de educación de la mujer, y la forma en que la masonería podría mejorarlos.[30]
A.2. Prensa Masónica
No puede estar completo el cuadro sobre el discurso de ruptura con un viejo orden que planteaba la masonería sin examinar el rol que se adscribía a la prensa masónica. Como se ha dicho, al igual que los modernizadores latinoamericanos y los autonomistas puertorriqueños, los masones visualizaban su quehacer periodístico como un ejercicio racionalizador. Aún no tomaba auge el discurso “noticioso comercial”, por lo que el periodismo masónico de la década del 1880 se adscribiría al modelo seguido por los periódicos autonomistas de la época..
"La misión de la prensa masónica es la de deslindar las exigencias morales de las religiones, del plan especulativo a que obedece casi siempre el fanatismo; es la de decir la verdad, siempre la verdad y proclamar el imperio naturalísimo de la Razón por sobre todas las cosas y ante todas las cosas. Los HH. (Hermanos) deben comprender que un periódico consagrado a la defensa de nuestra Orden, es una necesidad en cada provincia; un heraldo de nuestros principios, un encargado de abrir los ojos del pueblo. No deben sostenerse solamente los periódicos masónicos por interés de leerlos, porque nos enseñen y den noticias; es preciso hacerlos circular; hacerlos conocer de los profanos; introducirlos donde quiera que el fanatismo encuentre adeptos; donde quiera que se especule con Dios y la Religión. Es esta una caridad quizá tan meritoria como la de vestir al desnudo y la de dar de comer al hambriento. El deber de los masones es hacer brillar la luz en todas partes; hacer siempre la propaganda del bien que es la propaganda de la ciencia, del racionalismo, de la civilización y del progreso. Donde quiera que las tinieblas tiendan su manto de sombras, ha de aparecer la luz masónica para disiparlas" (énfasis suplido).[31]
B. Secularización
En la categoría de la secularización del quehacer material e intelectual, la escritura para prensa de los masones va a reflejar dos conceptos primordiales: un fuerte anticlericalismo y una firme defensa de la educación laica.
B.1. Anticlericalismo
Sobre el primer aspecto, hay que hacer notar los ataques de La Adelphia a la Iglesia Católica. Aparte de la estrecha asociación del clero con el aparato gubernamental español, un factor que incidía en el tono virulento de los artículos anti clericales era la consistente sucesión de condenas papales contra la masonería que se registró durante esos años. Según José Antonio Ferrer Benimeli, dichas condenas se debieron principalmente a factores políticos tales como la participación de reconocidos masones en la expropiación de las tierras del Vaticano, en pro de la consolidación del estado nacional italiano. Al igual que con respecto a España, el periodismo masónico confeccionó un cuadro en el que se presentaba al clero como sinónimo de retraso e irracionalidad.
Ejemplo de ello es este escrito de 1884:
"¡Qué distancia tan enorme medía entre el hoy de la ciencia y el ayer casi exclusivo de la teología teocrática!
¡Qué de conquistas tan útiles ha alcanzado la razón ilustrada sobre la fé ciega, sobre la fé de los milagros, la fé de los curas explotadores de la ignorancia de los hombres!
Comparad:
Ayer la abobinable (sic) y cruel tiranía subyugando los cetros de los reyes y la conciencia de la muchedumbres.
Hoy, la Santa democracia elevando su bandera de redención hasta en la misma Turquía! (Sic)
Ayer, la fé armada con el poder temporal de los Papas, sosteniendo a cañonazos ¡ en nombre de Jesucristo! Las prerrogativas que del cielo había recibido.
Hoy, la prensa libre ilustrando la conciencia humana, allí mismo, en aquella capital eterna que dictaba órdenes a la Inquisición! (sic)
Ayer, todo resuelto por la teología ! (sic)
Hoy, todo analizado, depurado y averiguado por la ciencia."[32]
Otro ejemplo de la caracterización del clero como elemento de retraso puede apreciarse en el siguiente fragmento de un poema publicado por La Idea en 1887:
En las almas la fé se mira muerta,
el fanatismo se revuelve herido
y al escuchar desgarrador gemido
el genio del pasado se despierta.
Ya no infunde temor, ni ya respeto
pretenderá imponer a lo presente,
pues está cadavérica su frente
y es su cuerpo no más que un esqueleto.
Sus ideas caducas, por divinas,
ya no encuentran un eco ni un latido,
de la conciencia impuras Mesalinas,
el corazón del hombre han corrompido,
y llegar a la tierra no han podido
sino aportando miserables ruinas.[33]
El anticlericalismo masónico se manifestará en la forma de críticas a la imposición de tarifas para conceder servicios o beneficios religiosos. Así, se censurará la venta de indulgencias[34] y bulas,[35] y la imposición de cargos por oficiar en funerales y bautismos.[36]
También, y reaccionando a los ataques de los sacerdotes, los periodistas masónicos le recordarán a la Iglesia Católica las actuaciones de los tribunales de la Santa Inquisición.[37] Incluso irán más allá, burlándose de la falta de poder de las autoridades eclesiásticas para imponer sanciones más allá de la excomunión.[38]
Por otra parte, y como mecanismo para apuntalar su ideario los masones no perdían oportunidad de comparar la intolerancia e irracionalidad de los dogmas, especialmente el católico, con sus creencias.
"Dios, cuya previsión es infinita, vio que las religiones, obra de los hombres, degenerarían en pasiones violentas, por la funesta interpretación de sus ministros. Tuvo piedad de los hombres tan imprudentes y ciegos; quiso preservarlos de una destrucción inevitable, y para llenar ese objeto, puso en el corazón de toda criatura razonable una religión natural, que emana de su voluntad y de su divina inspiración. Esta religión, hermana y compañera material del hombre, es la religión única, universal e inmutable" (énfasis suplido).[39]
En la misma línea de pensamiento se publicaban aseveraciones tales como: “Los Masones no son ni pueden ser contrarios de ninguna Religión racional”;[40] “Estudiad la Franc Masonería, es la religión de la verdad”;[41] y “/1/os masones no se ocupan en los pensamientos secretos de los individuos y sólo juzgan a éstos por sus acciones”.[42]
Parte del imaginario de la desacralización de la vida fomentado por la masonería puertorriqueña decimonónica consistía en eliminar la influencia de la Iglesia sobre las relaciones interpersonales y sociales. Una prueba de esto es la posición expresada en una edición de La Adelphia en torno al matrimonio:
"¿Qué es el matrimonio? Un sacramento, según la Iglesia romana. Un contrato espontáneo (sic), según nosotros; contrato en que dos personas libres convienen en unirse por toda la vida; en formar familia y velar por ella. En que dos corazones se unen! (sic) ¿Esta unión será más o menos verdadera previa la bendición de un cura por que (sic) sea católico o porque sea protestante?" [43]
B.2. Educación Laica
Al igual que los hacendados, los periodistas de la masonería harán hincapié en la necesidad y deseabilidad e establecer un sistema de instrucción laica en la colonia. Aparte de constituir un planteamiento de ruptura con la tradición de encomendar a la Iglesia la enseñanza primaria, la promoción de la accesibilidad de la educación para las clases populares era uno de los puntales del proyecto autonomista-hacendado.
Como parte de la argumentación anticlerical, se criticaba la gestión educativa de la Iglesia Católica:
"Ahí está la edad media (sic) para enseñarnos qué clase de instrucción es la que da el clericalismo. Víctor Hugo dice que Italia que enseñó el mundo a leer, no sabía leer ella misma después del dominio de la Iglesia; la gran Patria española embrutecida por el fanatismo, por poco hasta desaparece del catálogo de las naciones del mundo cuando debía ocupar el primer rango entre todas." [44]
En su edición del 1 de abril de 1884, La Adelphia llamaba a la educación católica “la vieja escuela” y la acusaba de enfrentar “el milagro a las irrecusables conquistas de la ciencia; lo dudoso e inverosímil a lo lógico e incontrastable”.[45] En otro de sus números, la citada revista comparaba la instrucción laica con la religiosa:
"...desde que las escuelas públicas han ido poco a poco supliendo los conventos de los frailes; desde que la educación laica arrebató al clero el monopolio de la conciencia humana embrutecida, notad los progresos del mundo y comparad los triunfos de la humanidad." [46]
Ante lo inadecuado de la enseñanza religiosa, los masones señalaban que la instrucción laica era superior, dado que enseñaba al hombre “a conocer las necesidades de la época en que vivimos”; época enmarcada dentro de un siglo “eminentemente analítico y positivamente racionalista”.[47]
Los periódicos masónicos puertorriqueños del Siglo XIX fomentaron el estalecimiento de centros de instrucción laica, no sólo para niños, sino también para los adultos pertenecientes a las clases populares.
"Hay, lo sabemos, personas adultas que no se instruyen por que (sic) no tiene medios ni facilidades para instruirse. Proporcionémosle nosotros esos medios facilitándoselos gratuitos con Escuelas dominicales y nocturnas que muy bien podrían fundarse...Digamos a esa honrad clase jornalera: Venid a instruiros. Dedicad al estudio una hora de las que consagrais por las noches y los domingos a las fiestas y a la holganza. Os daremos a vosotros y a vuestros hijos gratuita instrucción." [48]
Ese respaldo a la propagación de establecimientos de educación laica en la Isla se extendió a las iniciativas de organizaciones ajenas a la masonería. Durante el mes de septiembre de 1883, se hizo un llamado a los masones de Puerto Rico a colaborar con la entidad llamada “Sociedad Propagadora de la Instrucción”,[49] establecida en Mayaguez. En la edición del día 16 de ese mismo mes y año, se celebraba el que el “Gobierno General de la Provincia” autorizó a la referida entidad educativa a establecer “un Colegio o Escuela Superior de primera enseñanza para niñas.[50]
C. Progreso
En la tercera categoría de análisis se recogen aquellas instancias en las que se defiende o ilustra el progreso de la humanidad, con particular énfasis en la presentación de la masonería como institución modernizadora.
Como se ha visto en este escrito, la orden masónica se retrataba a sí misma como punta de lanza en el proceso de ruptura con la mentalidad represiva y secularizada del mundo medieval. En el caso del Puerto Rico decimonónico, se caracterizaba al Estado español y a la Iglesia como paradigmas del retraso, mientras que los hacendados y los masones eran asociados al progreso intelectual de los individuos. Como se verá en los párrafos subsiguientes, la concepción de la modernidad que fomentaban los órganos periodísticos masónicos también incluía la influencia de la organización sobre el progreso material del Hombre.
El 16 de septiembre de 1883, La Adelphia analizaba como los adelantos tecnológicos alteraban la forma de vida de las sociedades de la época:
"Vivimos más aprisa; porque el telégrafo anula las distancias para enterarnos de cuanto en el mundo pasa; porque la locomotora y el buque de vapor, abrevian el tiempo que se necesita para recorrer un espacio dado; porque la electricidad y las máquinas de todas clases ejecutan con sorprendente rapidez lo que antes costaba tiempo y trabajo; vivimos más a prisa, porque hay muchos más fenómenos, muchos más acontecimientos impresionan a la vez nuestros sentidos y estimulan nuestra inteligencia, y ponen en continua actividad nuestro cerebro." [51]
Otro ejemplo de la adhesión a la casa del progreso es la que sigue:
"Cuando en París y ante los ojos extasiados de la multitud se eleva cruzando el espacio el primer globo aerostático, una anciana señora de la nobleza, entusiasta a su manera, exclamó: “Hallarán cuando ya no exista el secreto para no morirse”! (sic) No lo han hallado ni lo hallarán; pero en cambio penetrarán siempre y cada día más adelante en el laboratorio y procedimientos de la Naturaleza y extraerán de allí nuevas fuerzas, que multiplicando el (sic) infinito el Haber humano, tan mezquino en su origen, logre convertirlo en riqueza." [52]
No sólo se limitaba La Adelphia a presentar testimonios a favor del progreso para asociar a la masonería con ese puntal del imaginario de la modernidad. Esta revista también incluía en sus páginas textos en los que explícitamente se identifica a la orden masónica como el agente catalítico de los cambios en el mundo.
Muestra de esto es un poema publicado el 1 de diciembre de 1883. Luego de hacer una crónica en verso de las principales transformaciones intelectuales y materiales registradas a lo largo de la historia humana, deteniéndose en varias estrofas en la crítica situación de “el hombre sencillo” bajo el sistema feudal, el autor anónimo destaca el rol de la masonería en el establecimiento de un nuevo orden de justicia:
Más...¿cuál fue la inspiración?
Que arrancó al pueblo la cruz
Y con torrentes de luz
Llenó su imaginación?
Fue una gran asociación
Que en el misterio vivía;
La que yo estrecho este día
En abrazo fraternal.
Fue el espíritu inmortal
De la Franc masonería (sic).
Ella con su voluntad
Y sus gigantes alientos,
Hizo escombros los cimientos
De la vieja sociedad;
Ella de la humanidad
Obtiene la gratitud,
Pues con gran solicitud
Hace un sublime ejercicio
Calabozos para el vicio
Templos para la virtud (énfasis suplido).[53]
Este imaginario de la masonería como impulsora del progreso material, especialmente, de los desvalidos, era construido también mediante el uso de noticias sobre la obra filantrópica de la Orden en Puerto Rico y en el resto del mundo.
Para evidenciar la pujanza de la masonería a nivel mundial, se presentaban reseñas como la siguiente:
"En 1880, fecha de la última estadística oficial, había en el mundo 137,065 Logias masónicas, que han recaudado durante el año, ochocientos millones de pesos de contribuciones voluntarias.
De esa cantidad 270,191,600 pesos han sido empleados para cubrir gastos de secretaría, impresión, correspondencia, asea de locales, etc. $357 millones 194,400 (sic) han servicio para socorrer a los masones necesitados; 59,431,600 han sido dados a las viudas y huérfanos de los miembros de las Logias; 49,784,200 para socorrer a indigentes que no pertenecen a las Logias y 85,793,000 para las escuelas y asilos.
Las Dos Grandes Logias más importantes del mundo son las de Inglaterra y la de Nueva York. La primera tiene 101,000 miembros y la segunda ochenta mil (énfasis suplido)".[54]
Ciertamente, el mensaje entrelíneas era que la institución masónica crecía a pesar de las prohibiciones eclesiásticas, y que se encargaba de proveer ayudas que el Estado no brindaba a los menesterosos.
Entre la obra social de la masonería alrededor del mundo se destacaban: la ayuda económica, alimentación a infantes y prestación de servicios de salud de las logias suizas;[55] el establecimiento de la primera imprenta en América (en Estados Unidos, en 1639);[56] la creación de un hospital masónico en Rusia y de un banco de ahorro y préstamos en Venezuela;[57] la inversión de 5,000 duros” en labores de enseñanza en el estado norteamericana de Oregon;[58] y la construcción de un asilo para viudas y huérfanos de masones fallecidos en Nueva York.[59]
Claro está, la obra de la masonería en Cuba y Puerto Rico no podía pasar desapercibida. Sobre las logias de la Antilla Mayor, se afirmaba que estas sostenían, en 1883, 11 colegios de instrucción.[60] En cuanto a la labor filantrópica masónica en Puerto Rico, se presenta el siguiente ejemplo:
"Según noticias que hemos recibido de Arecibo, también sufrió dicha villa los efectos de la desastrosa inundación del día 7 (de agosto de 1883), que por lo visto fue más general de lo que se suponía en los primeros momentos.
Los masones allí residentes, dispuestos como en todas partes a socorrer al desvalido, distribuyeron al otro día del siniestro, a primera hora, trescientas libras de pan, arroz y 37 1/2 centavos en efectivo a cada necesitado.
Nuestros hermanos han cumplido con su deber y los felicitamos por la oportunidad conque atendieron a los socorros.[61]
¿Habría alguien que, luego de leer semejante caracterización de la orden masónica, no concurriera en que autonomistas/masones como Palmer, Baldorioty, Matienzo, Quiñones, Ruiz Quiñones, Díaz Navarro y otros, estuvieran calificados para asumir el rol de “padres” de “la gran familia puertorriqueña?
CONSIDERACIONES FINALES
La selección de artículos, poemas e informaciones presentadas en este ensayo ilustra como coinciden los temas tratados por el periodismo masónico con las vertientes ideológicas y discursivas del proyecto autonomista-hacendado puertorriqueño del Siglo XIX.
El análisis reveló que dichos órganos periodísticos dieron cabida en sus páginas a escritos que postulaban los principios afines al pensamiento modernista o que ilustraban el progreso que se lograba a través de la adhesión al quehacer socioeconómico burgués. Es decir, la prensa masónica decimonónica aquí analizada fue un producto cultural que reflejó los valores e ideas de la referida clase social durante un período de tiempo dado.
Estos hallazgos llevan a concluir que el periodismo masónico puertorriqueño del periodo mencionado contribuyó de alguna forma a propagar entre sus lectores las ideas asociadas al proyecto de la modernidad que fomentaban los autonomistas-hacendados de la Isla durante el Siglo XIX. Dada la distancia temporal entre la publicación de los periódicos y este esfuerzo investigativo, es imposible medir cuantitativamente el impacto de estos órganos informativos en el pensamiento de quienes los leyeron en aquella época. Pero sí se puede afirmar que estos bienes de consumo cultural reflejan la tendencia a establecer una lectura dominante de la particular experiencia de la modernidad que se dio en Puerto Rico durante el siglo pasado.
Notas al calce
[1] Antonio S. Pedreira, El Periodismo en Puerto Rico (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1970) 355-356.
[2] Ibid, pág. 238-255.
[3] Julio Ramos, Desencuentros de la Modernidad en América Latina. Literatura y Política en el Siglo XIX (México: Fondo de Cultura Económica, 1989).
[4] “Informe Leído por el Honorable Gran Maestro Provincial en la Sesión Inaugural de la Gran Logia Soberana de Puerto Rico”, Acacia Jul-Sept 1955: 53-54.
[5] José Antonio Ayala, La Masonería de Obediencia Española en Puerto Rico en el Siglo XIX (Murcia: Universidad de Murcia, 1991) 143.
[6] Por lectura dominante entendemos, de acuerdo a lo propuesto por Stuart Hall, aquella que hace el lector que concuerda con la ideología dominante y la subjetividad que esta produce. Ver John Fiske, “British Cultural Studies and Television”, Channels of Discourse Ed. Robert Allen (Chappel Hill, NC: University of North Carolina Press, 1987) 260.
[7] Teun A. Van Dijk, La Ciencia del Texto (Barcelona: Ediciones Paidós, 1989) 38-39
[8] “La Adelphia”, La Adelphia, 1 de julio de 1883, 1.
[9] Ibid, pág. 2.
[10] “Historia”, La Adelphia, 15 de julio de 1883, 14.
[11] “Verdades Indiscutibles”, La Adelphia, 16 de septiembre de 1883, 61-62.
[12] “En Defensa”, La Adelphia, 16 de noviembre de 1883, 115.
[13] “La Masonería”, La Adelphia, 16 de diciembre de 1883, 139.
[14] “Adelante”, La Adelphia, 16 de febrero de 1884, 196.
[15] “Notas”, La Adelphia, 16 de septiembre de 1883, 68.
[16] “La Masonería y la Sociedad Profana”, La Adelphia, 1 de octubre de 1883, 73.
[17] “La Masonería Ante la Constitución y el Código Penal”, La Adelphia, 16 de junio de 1884, 164.
[18] “Telum Imbelle Sine Ictu”, La Adelphia, 16 de marzo de 1884, 211.
[19] “Breve Reseña Histórica”, La Adelphia, 1 de julio de 1883, 4.
[20] “En Bien General de la Orden”, La Adelphia, 16 de abril de 1883, 237.
[21] “Misión de la Masonería”, La Adelphia, 15 de julio de 1883, 17.
[22] “Dios”, La Adelphia, 1 de agosto de 1883, 29.
[23] “La Limosna Espiritual”, La Adelphia, 1 de octubre de 1883, 81.
[24] “A los Leutones”, La Adelphia, 16 de febrero de 1884, 191.
[25] “Mis Delitos”, La Idea, 15 de marzo de 1887, 97.
[26] “La Trinidad Nefasta”, La Idea, 15 de marzo de 1887, 85.
[27] “Masonería de Adopción”, La Adelphia, 16 de octubre de 1883, 91.
[28] “Et Lux Facta Est”, La Adelphia, 1 de enero de 1884, 149-151.
[29] “Discurso” La Adelphia, 1 de marzo de 1884, 199-200.
[30] “Un Certamen”, El Mallete, 30 de octubre de 1884, 73.
[31] “Prensa Masónica”, La Adelphia, 1 de abril de 1884, 224-225.
[32] “Ayer y Hoy”, La Adelphia, 16 de junio de 1884, 257.
[33] “Ruinas”, La Idea, 1 de marzo de 1887, 79-80.
[34] “¿Qué es la Masonería?”, La Adelphia, 16 de enero de 1884, 166.
[35] “Ejercitad Vuestra Razón”, La Adelphia, 1 de marzo de 1884, 198.
[36] “Solem Quis Dicere Falsum Audeat”, La Adelphia, 19 de mayo de 1884, 247.
[37] “La Masonería y la Sociedad Profana” 74. “Notable Discurso”, La Adelphia, 16 de febrero de 1884, 177.
[38] “En Defensa”, La Adelphia, 1 de noviembre de 1883, 103-104.
[39] “Importancia de Nuestras Ceremonias y de Nuestros Emblemas”, La Adelphia, 15 de agosto de 1883, 41-42.
[40] “Et Lux Facta Est”, La Adelphia, 1 de septiembre de 1883, 52.
[41] “Literatura Masónica”, La Adelphia, 15 de julio de 1883, 20.
[42] “Alos que no son masones”, La Adelphia, 1 de julio de 1883, 11.
[43] “Lo de Actualidad”, La Adelphia, 16 de abril de 1884, 235.
[44] “Al Semanario Católico”, El Mallete, 30 de octubre de 1884, 70.
[45] “La Instrucción Laica”, La Adelphia, 1 de abril de 1884, 221.
[46] “La Masonería y el Clero”, La Adelphia, 16 de febrero de 1884, 174.
[47] “La Instrucción Laica” 221.
[48] “Lecturas Públicas y Escuelas Dominicales y Nocturnas”, La Adelphia, 1 de septiembre de 1883, 53-54.
[49] “Noticias”, La Adelphia, 1 de septiembre de 1883, 59.
[50] “Noticias”, La Adelphia, 16 de septiembre de 1883, 70-71.
[51] “Dictamen de la Comisión Sobre El Montepío Masónico”, La Adelphia, 16 de septiembre de 1883, 65.
[52] “Interesante Carta”, La Adelphia, 1 de agosto de 1883, 35.
[53] “La Masonería”, La Adelphia, 1 de diciembre de 1883, 135-136.
[54] “Noticias Masónicas”, La Adelphia, 1 de julio de 1883, 9.
[55] “Suiza”, La Adelphia, 1 de octubre de 1883, 80.
[56] “Cabos y Recortes”, La Adelphia, 16 de abril de 1884, 242.
[57] “Cabos y Recortes”, La Adelphia, 1 de marzo de 1884, 207.
[58] “Cabos y Recortes”, La Adelphia, 16 de febrero de 1884, 195.
[59] “Cuando Podremos Hacer lo Mismo! (sic)”, La Idea, 15 de marzo de 1887, 93.
[60] “Noticias”, La Adelphia, 15 de julio de 188, 21.
[61] “Noticias”, La Adelphia, 15 de agosto de 1883, 44.
© Miguel A. Pereira, 2009
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Nota del editor: El R:.H:. Miguel A. Pereira es el Historiador de la R:.L:. Unión y Amparo # 44 de los Valles de Caguas, Puerto Rico. Fue editor de la Revista Acacia, Órgano oficial de la Gran Logia Soberana de Libres y Aceptados Masones de Puerto Rico. Es Pasado Maestro de su Logia y ostenta el Grado 32 de la Masonería. Se encuentra en proceso de culminar sus estudios en el Programa Doctoral en Historia de América de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano en San Juan, Puerto Rico.